CSIC contra CSIC: el control de Doñana enfrenta a los científicos

Gamos cruzando la laguna Santa Olalla, rodeados por flamencos. Reserva Biológica de Doñana. LUIS SERRANO

El CSIC, el mayor organismo de investigación científica del España, escenifica públicamente su desencuentro interno en Doñana

La directiva en funciones de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), acompañada por exdirectores y un líder ecologista, acusa al «CSIC Central (Madrid)» de querer «silenciar» y «expulsar a los científicos de Doñana»

Un informe de expertos recomienda que la gestión de la Reserva Biológica de Doñana se separe «estructuralmente» de este centro andaluz de investigación

Tras la polémica, el vicepresidente del CSIC, Jesús Marco, se ha comprometido a no desgajar la gestión de la Reserva Biológica, donde trabajan sus científicos, de la Estación Biológica

por Alejandro Ávila.

Caras sarcásticas, desmentidos sobre la marcha y ajustes de cuentas en público. Un Peaky Blinders, la popular serie británica sobre los navajeros de Birmingham, en uno de los puntos neurálgicos de la ciencia nacional: la Estación Biológica de Doñana (EBD). Como si fueran placas tectónicas en fricción, cada vez que hay movimientos de poder, emerge la lava candente de la polémica en el centro del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) más importante de Andalucía.

Una convocatoria de prensa lanzada el pasado viernes festivo, Día de la Constitución, vaticinaba que este martes habría polémica: con membrete oficial del CSIC, el director, el vicedirector y un exdirector (Xim Cerdá, Jordi Figuerola y Miguel Ferrer) de la Estación Biológica de Doñana convocaban a los periodistas bajo el título de ‘El CSIC quiere expulsar a los científicos de Doñana’ y acusaban a la directiva central del CSIC de querer «silenciar» su voz. La de los científicos. CSIC contra CSIC.

Según los convocantes, el «CSIC central (Madrid) pretende que la Reserva Biológica de Doñana pase a depender de un director nombrado por Madrid y desvincularla de la Estación Biológica de Doñana, acabando así con más de 50 años de presencia continuada de científicos (…) que han tenido un papel tan relevante en el conocimiento y conservación de este espacio natural único».

Una rueda de prensa inusual

El «CSIC central (Madrid)», al que aludían los convocantes, ha terminado participando este martes en su propia rueda de prensa en la que, frente a los atónitos periodistas, intervenían la parte, la contraparte, exdirectores históricos como Javier Castroviejo y hasta un ecologista no menos histórico como Juan Romero.

Jesús Marco, vicepresidente del CSIC, ha negado que se pretenda «silenciar las voces de los científicos», insistiendo en que el modelo «no está decidido. No se ha ordenado una separación, pero sí una reestructuración de la Reserva Biológica de Doñana», basada en «reforzar su organigrama con dos vicedirectores y un presupuesto de un millón de euros». La reserva es el núcleo del espacio protegido y la compró la organización ecologista WWF, tras una campaña internacional para salvar este espacio natural único, y que gestiona desde entonces el CSIC, combinándose así la gestión, la investigación científica y la conservación.

Un informe de expertos recomendaba que la gestión de esta zona del espacio protegido pasara a gestionarse de manera independiente de la Estación Biológica de Doñana. En concreto el nuevo ‘Plan Estratégico del CSIC en Grandes Infraestructuras de Investigación. Propuesta de Plan de Acción 2020-2021’.

Como prueba de la tensión que se mascaba al otro lado de la mesa, el vicepresidente del CSIC ha mandado callar al actual director en funciones de la EBD, Xim Cerdá, cuando éste le ha interrumpido. Cuando ha llegado su turno, Cerdá le ha recriminado que se haya «olvidado de la frase que más nos ha inquietado del informe: ‘en el proceso de transformación de la RBD (Reserva Biológica de Doñana) en un nuevo ICU (Institutos, Centros y Unidades) del CSIC, separado estructuralmente de la EBD-CSIC (…)». «Nos genera una tremenda preocupación alejar a los científicos de la toma de decisión de Doñana», ha afirmado Cerdá.

Marco ha insistido por enésima vez en que, aunque el informe de expertos recomiende lo contrario, «no se pretende una separación», a lo que el exdirector Jesús Castroviejo ha replicado: «¡Pero si está escrito!». Castroviejo ha hablado de «emisarios de Madrid» que sólo hablan de «intenciones, intenciones, intenciones…», bajo las sonrisas indisimuladas de los convocantes, como Miguel Ferrer, que ha subrayado que se les ha dicho que es un «malentendido». «Pero, bajo mi punto de vista, es más un mal escrito. La redacción ha sido errónea. Esperamos el compromiso de cambiar esa redacción», ha añadido. A eso se ha comprometido, de palabra y ante los medios de comunicación, el vicepresidente del CSIC. 

Trapos sucios en público

La rueda de prensa ha sido, en definitiva, un lavado de trapos sucios en público, en la que los periodistas han asistido atónitos a cambios de versiones, pullas y una convocatoria mediática en la que la prensa se ha terminado sintiendo utilizada para una gestión interna, que revela las luchas interiores del máximo organismo científico del país.

Los convocantes de la Estación Biológica, como Jordi Figuerola, vicedirector en funciones de la EBD, ha subrayado que nombrar a un director «desde Madrid» redunda en una información científica de peor calidad y menor capacidad para «responder a los problemas de conservación».

Como colofón a una larga rueda de prensa, de más de una hora, ha acusado a la dirección del CSIC, al propio vicepresidente Jesús Marco, de haber maniobrado para que él mismo no sea el nuevo director de la EBD. «No lo he hecho», ha apuntado Marco». Acto seguido, Figuerola lo ha desmentido: «Sí, lo ha hecho. Entiendo que no soy su persona de confianza». El próximo director de la Estación Biológica será Eloy Revilla. 

La historia se repite

Como ya ocurrió hace cuatro años, un bando acusa a otro de manipular la elección del nuevo director, en la que el propio Miguel Ferrer, que era entonces el coordinador andaluz de CSIC andaluz, fue acusado de cesar a Juan José Negro, exdirector de la EBD,  de la mano del entonces presidente del CSIC, Emilio Lora-Tamayo. Para algunos trabajadores de la EBD, aquello fue «una maniobra orquestada por el coordinador del CSIC en Andalucía». La dirección andaluza del CSIC lo negó.

En definitiva, maniobras palaciegas que en ambos casos han terminado con una nueva guerra de poder en el seno de la Estación Biológica de Doñana y con un nuevo director. Cambian los nombres, se mantienen las estrategias.


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