Corte de digestión: del bulo a la realidad

Según apunta la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) el corte de digestión tal y como lo conocemos no existe. Esperar dos horas hasta que podamos meternos en la piscina o en el mar es un bulo que corre de generación en generación.

Los síntomas relativos al mal llamado corte de digestión tienen que ver con el cambio brusco de temperatura al que se le somete al aparato digestivo por el choque térmico que podría suceder de igual forma aunque no hubiésemos comido nada. Realmente se conoce como ‘síncope termodiferencial’, lo que implica una pérdida de conocimiento brusca al entrar en contacto con el agua fría procediendo desde un ambiente altamente caluroso. La persona se hunde a plomo por esta pérdida de conciencia sin posibilidad de braceo. También se conoce el corte de digestión como el ‘ahogado blanco’, significando la palidez tan llamativa que puede presentar el individuo indispuesto.

Si la temperatura corporal es muy alta y encima hemos estado al sol durante horas, bastante frecuente en las playas españolas, darse un chapuzón para enfriarse es una práctica habitual si bien no se realiza convenientemente. El sistema de protección que utiliza el cuerpo ante el choque de calor a frío hace que este reaccione y evite que la sangre se enfríe impulsándola hacia dentro para que el volumen de sangre recibida por el corazón por la vía cava no someta al individuo a sufrir un síncope o una parada cardíaca como consecuencia de ello.

Entre los diversos síntomas que pueden padecerse están la palidez súbita, las náuseas, vómitos, tiritonas, visión borrosa, acúdenos o pitidos en los oídos, retortijones, sensación de mal cuerpo que precede a un mareo y en casos agudos en algunas personas puede llegar hasta una parada cardiorrespiratorio.

Las recomendaciones generales para evitar los mal llamados cortes de digestiónobedecen al sentido común dado que no es conveniente tomar el sol durante largos ratos y refrescarse de golpe; es mejor, tomar el sol con moderación y antes de sentir agobio, darse una ducha o entrar poco a poco en el agua hasta que consigamos regular la temperatura corporal y no sintamos esos extremos.

De igual forma, no es conveniente tras haber realizado una comida copiosa o haber bebido agua muy fría producir esos cambios bruscos dado que se puede provocar el mismo choque térmico y por tanto manifestar los síntomas descritos sin ni siquiera bañarse después.

En el caso de notar cualquiera de ellos es preferible acudir de inmediato a un servicio de emergencias médicas y apartar al paciente del sol mientras se le traslada. No hay que confundir un corte de digestión con un golpe de calor que también tiene lugar en playas y piscinas cuando se está todo el día al sol sin sombrero ni protección alguna. El choque térmico en cualquier caso se puede producir en un establecimiento con aire acondicionado si un individuo sale a la calle de repente a 45 grados. En todo caso, evitar este tipo de actuaciones hará que disfrute de un verano sin problema alguno.

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