Cómo Kerala, estado indio gobernado por comunistas, se las arregló para aplanar la curva del coronavirus

 

 

Varios países se han ganado el aplauso internacional por haber salvado cientos de miles de vidas gracias a sus respuestas rápidas, eficaces y decisivas frente al coronavirus, entre ellos Taiwán, Vietnam, Ghana, Senegal y Corea del Sur. En la India, el estado meridional de Kerala ha puesto en práctica una estrategia líder mundial para hacer frente a la peor pandemia en casi 100 años.

A pesar de tener una población de cerca de 35 millones de habitantes, a fecha del 28 de mayo Kerala solo había registrado 526 casos positivos de COVID-19, que estaban recibiendo tratamiento, y solo se han producido siete muertes por coronavirus, de un total de 4.531 en toda la India. En comparación, el Reino Unido, con una población de aproximadamente 67 millones de habitantes, registra la segunda mayor cifra de muertes en el mundo, superando las 35.000.

Y, en realidad, podría haber sido muy diferente: con más de un millón de turistas extranjeros al año, cientos de jóvenes estudiando en China, cuatro millones de trabajadores migrantes internos viviendo en el estado y hasta una sexta parte de su población trabajando en el extranjero (principalmente en el Golfo), Kerala podría haber sido devastado por el virus.

Pero el estado, gobernado por comunistas, tomó desde un primer momento medidas enérgicas para “aplanar la curva” de contagios. El 24 de enero, apenas tres días después de conocerse la noticia sobre el brote del nuevo virus en China, el ministro de Sanidad de Kerala, KK Shailaja, convocó una reunión de emergencia sobre la COVID-19. Dos días después se publicaron directrices exhaustivas, en los distritos de todo el estado se formaron equipos de respuesta rápida que contaron con la participación de todos, desde sindicatos hasta estudiantes y sociedad civil, y se formularon planes de acción en todos los ámbitos, desde la vigilancia hasta los tests y la prestación de servicios de salud mental.

Cuando el primer caso de coronavirus aterrizó en Kerala el 27 de enero, el Gobierno estatal ya había activado controles en los aeropuertos y estaciones de tren para detectar la entrada del virus en el estado, y había establecido albergues temporales para guardar cuarentena, donde alojaría a turistas y a personas no residentes. Tras estas medidas, se realizaron pruebas enérgicas y rastreo de contactos, y se establecieron sistemas de vigilancia comunitaria, medidas obligatorias de distanciamiento social, largos períodos de cuarentena, estaciones de lavado de manos instaladas en lugares públicos y un estricto confinamiento que se hizo soportable gracias a la entrega a domicilio de provisiones y comidas cocinadas para los más necesitados, además de la provisión de alimentos y alojamiento para algunos de los trabajadores migrantes que no podían regresar a su lugar de origen.

Kerala fue cuna del primer gobierno comunista elegido democráticamente en el mundo. En 1957 el Partido Comunista de la India ganó las elecciones estatales, y, desde entonces, el poder se ha ido alternando entre dos coaliciones de izquierda. El hecho de que Kerala haya sido capaz de reconocer la amenaza planteada por el coronavirus, y responder a ella con tanta rapidez, es un legado de décadas de política progresista y una estrategia de desarrollo igualitario –conocida como el “modelo de Kerala”– gracias a la cual el estado registra la tasa de alfabetización más elevada del país, la mayor esperanza de vida y la menor tasa de mortalidad infantil y cuenta con un centro sanitario de atención primaria en todos los pueblos. En Kerala también nació Kudumbashree, el mayor proyecto mundial de empoderamiento de la mujer, que actualmente está ayudando a casi cinco millones de mujeres a salir de la pobreza, y que durante la crisis del coronavirus ha fabricado millones de mascarillas y desinfectantes de manos, además de poner en funcionamiento cocinas comunitarias por todo el estado.

La capacidad de Kerala para reaccionar con eficacia a la emergencia sanitaria también se debe a las lecciones aprendidas a raíz del brote de Nipah en 2018, un virus aún más letal que el coronavirus que provoca la COVID-19 para el cual todavía no existe ningún tratamiento ni vacuna.

El brote sacudió el generalmente robusto sistema sanitario del estado y dejó 17 muertos en un mes. En consecuencia, el Gobierno implementó una serie de medidas y protocolos, como el rastreo de contactos, que prepararon el camino para la impresionante respuesta de Kerala a la pandemia actual.

Aunque Kerala ha logrado aplanar la curva de contagios, y la propagación del coronavirus es de momento limitada, el estado está sufriendo las consecuencias socioeconómicas del confinamiento al igual que el resto de la India. Ya se han flexibilizado algunas medidas para que se puedan reanudar las actividades económicas, pero el estado se mantiene vigilante, estableciendo protocolos para evitar un repunte de las infecciones debido al regreso de miles de trabajadores migrantes que se habían quedado bloqueados en el extranjero o en otros estados indios. Lo que suceda a continuación es una incógnita, pero está claro que, gracias a las políticas sociales que Kerala ha venido aplicando en los últimos 50 años, el territorio se encuentra en una posición fuerte para capear cualquier tormenta que pueda avecinarse.

Dos voluntarias realizan el control de pasajeros en la estación de tren de Ernakulam Junction, la mayor estación de la ciudad de Kochi en Kerala, antes de la suspensión de los servicios ferroviarios el 23 de marzo. Se registran los datos personales de los pasajeros, se les toma la temperatura y se les pregunta sobre sus últimos desplazamientos y su estado de salud. Foto: Oscar Espinosa

Estas medidas forman parte del programa de vigilancia comunitaria del Gobierno del estado, mediante el cual se pueden rastrear los contactos de cualquier persona que haya estado cerca de alguien infectado por coronavirus. Estas personas tienen que confinarse en sus casas durante 28 días y se les llama por teléfono dos veces diarias para comprobar qué síntomas tienen. Si alguno de los pacientes en cuarentena informa de algún síntoma típico, se asume que es positivo y se le traslada a un centro de confinamiento médico donde es sometido a una prueba. Si el resultado es negativo, el paciente puede regresar a su casa. Si el resultado es positivo, el ciclo comienza de nuevo, se efectúa un rastreo de los contactos que haya mantenido durante los 14 días anteriores a la manifestación de los síntomas, se le mantiene confinado en cuarentena en su casa y se va supervisando su evolución por teléfono.

Esta estación de lavado de manos ubicada en Fort Kochi el 21 de marzo, es una de las muchas que se han instalado en todo el estado bajo el lema “Romper la cadena”. Foto: Oscar Espinosa

El 16 de marzo, el ministro de Sanidad de Kerala, KK Shailaja, puso en marcha una campaña denominada “Romper la cadena”, con objeto de concienciar al público sobre la importancia de la higiene personal y pública tras el brote de coronavirus. Se instalaron grifos de agua y dispensadores de jabón en espacios públicos, como paradas de autobús, estaciones de tren y mercados, con carteles donde se informa a la gente sobre la manera correcta de lavarse las manos. El estado también comenzó a fabricar desinfectante de manos que se vende a precio subvencionado. Y se invitó a los ciudadanos a respetar el distanciamiento social y a utilizar mascarillas reutilizables en público, so pena de multas de 200 INR (2,65 USD).

En 2019, Kerala recibió 1,96 millones de turistas, lo que representa un aumento de casi el 17,2% respecto a 1996, pero este año se espera que las cifras caigan en picado, y los organismos del sector ya están registrando pérdidas de ingresos por valor de millones de dólares. Aunque no se espera que el estado consiga recuperar las cifras de turistas internacionales inicialmente previstas para 2020, Kerala puede optar por centrarse en los turistas nacionales, ofreciendo descuentos en los precios de las habitaciones de hotel y fomentando el turismo de aventura, que se presta al distanciamiento social.

Un conductor de mototaxi, frente a la estación de tren de Ernakulam North, se protege la cara con una mascarilla. Desde el anuncio del confinamiento el 23 de marzo, los trabajadores locales y migrantes han podido recibir ayuda estatal para mitigar los efectos del confinamiento forzoso. Foto: Oscar Espinosa

Las impactantes imágenes de decenas de miles de trabajadores huyendo de las grandes ciudades de la India tras el anuncio del confinamiento, para tratar de regresar a sus hogares y evitar morirse de hambre, han sido una de las crónicas determinantes de esta pandemia mundial. Se estima que 470 millones de migrantes internos de la India se han quedao bloqueados lejos de sus hogares y sin ningún tipo de ingreso para sobrevivir. Pero, en Kerala, estas escenas de desesperación se han evitado en gran medida gracias al suministro de alimentos, alojamiento y atención médica por parte del Gobierno estatal a los trabajadores migrantes que, de lo contrario, se encontrarían en la indigencia. Sin embargo, las cosas distan mucho de ser perfectas. Según una investigación de 2017 llevada a cabo por First Post, en Kerala hay tres millones de trabajadores migrantes, el 60% de los cuales trabaja en el sector de la construcción, y muchos de ellos viven en campamentos de trabajo abarrotados, carentes de saneamiento y donde el distanciamiento social es imposible. No obstante, durante este período de confinamiento, el Gobierno estatal ha tratado al menos de proporcionar servicios a quienes los necesitan.

Un hombre vende pescado en un puesto del mercado en el distrito de Ernakulam de Kochi, Kerala. Foto: Oscar Espinosa

Durante el confinamiento, las tiendas y los puestos de comida eran uno de los pocos servicios autorizados a permanecer abiertos. Las calles desiertas, repletas de tiendas cerradas durante las primeras semanas de estricto confinamiento están empezando a recuperar su actividad: el transporte público funciona con una ocupación máxima del 50%; las barberías, las peluquerías y los salones de belleza pueden abrir siempre y cuando no utilicen el aire acondicionado; y los centros comerciales han vuelto a abrir, condicionados a una apertura rotativa del 50% de los comercios. Pero, en todo momento, el público debe llevar mascarilla y tomar las precauciones adecuadas para garantizar un distanciamiento social seguro.

Un empleado de la terminal de transbordadores de Fort Kochi señala a los clientes, el 21 de marzo, que los servicios de transporte han sido suspendidos. Foto: Oscar Espinosa

 

Los servicios de ferry se reanudaron el 20 de mayo después de casi dos meses de confinamiento tras el brote de coronavirus. Los barcos operan sin horario fijo de 7 a.m. a 7 p.m., y la ocupación se ha reducido a la mitad para garantizar el cumplimiento de las normas de distanciamiento social. El ferry es utilizado mayoritariamente por la población local de Fort Kochi y Mattanchery que trabajan en comercios y oficinas de la ciudad.


Artículo traducido del inglés y publicado por cortesía de

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