Azraq: El refugio de los refugiados

El coronavirus ha obligado al campo de refugiados de Azraq (Jordania) a confinar a los que ya estaban confinados.

En Jordania, 724 personas han dado positivo en coronavirus y 7 han perdido la vida. Sin embargo, hay otros «puntos calientes» que tienen a las autoridades del país en vilo. Estos lugares son los campos de refugiados.

Espacios como el de Azraq suponen una auténtica bomba de relojería si el coronavirus llegase a extender su fuerza en lugares como este.

El campo de refugiados de Azraq acoge a casi 40.000 ciudadanos sirios que llegaron hasta este campo con la esperanza de huir de la guerra que asolaba a su país.

Muchos de ellos llevan viviendo en este campo varios años, y por este motivo, ya han experimentado lo que es el confinamiento mucho antes de que este hecho fuera una orden impuesta, como ocurre en la actualidad.

Tras conocerse que el Covid-19 había llegado al país, el Gobierno de Jordania impuso uno de los métodos de restricción más potentes a nivel mundial, y en las últimas semanas, se ha visto obligado a endurecer estas medidas por el exceso de infracciones que estaban registrando los cuerpos de seguridad del país.

Este endurecimiento también ha afectado al campo de refugiados de Azraq y sus habitantes, a quienes la pandemia del coronavirus le ha puesto en una situación de vulnerabilidad extrema.

¿Cómo se está gestionando la crisis del coronavirus en este campo de refugiados? ¿Hay algún caso confirmado?

TRABAJO CONTRARRELOJ

En el campamento de Azraq todavía no se ha registrado un caso de coronavirus.

Esta situación ha obligado a los operarios del campo a seguir a raja tabla las indicaciones de las autoridades jordanas, puesto que mantener a los ciudadanos del espacio a salvo del virus es fundamental, puesto que la existencia de un caso provocaría una tragedia humanitaria sin precedentes.

Sin embargo, resulta complicado llevar esta tarea a cabo en un escenario poco favorable en relación con las medidas de protección para evitar el contagio.

Los habitantes de Azraq viven hacinados en las llamadas ‘casas chapa’, que se dividen en función del número de componentes que tiene cada familia. Si una está compuesta por menos de 7 integrantes, esta recibirá una, mientras que si la familia está compuesta por más de esta cantidad, recibirán dos casas chapa.

Sin embargo, esto no facilita la separación recomendada y el confinamiento sigue siendo el mismo.

En lo que a las condiciones de salud respecta, estos espacios cuentan con un baño para todos los integrantes de cada casa. El saneamiento se hace en ocasiones imposible y el acceso al agua (bien esencial para mantener las medidas de higiene) es también un lujo que no siempre está disponible para los miles de habitantes que viven en Azraq.

Otro de los grandes factores que juegan en contra del campo de refugiados es que la asistencia sanitaria es escasa y, en los cuatro espacios en los que se divide el campo, solo hay un centro médico.

TODOS A UNA

Sin embargo, los trabajadores de las organizaciones que velan por la salud y seguridad de los refugiados de Azraq, han decidido poner en marcha varias medidas en las que también participan varios residentes del campo.

Todos los días se mide la temperatura a las personas que entran y salen del campamento, y también se realizan controles aleatorios a los habitantes para controlar que no existe ningún conato de Covid-19 en el campo.

Estos voluntarios que acceden al campamento son los encargados de impartir charlas de concienciación sobre el coronavirus, y varios de ellos se encargan de revisar y asegurar que el suministro eléctrico del campamento funcione perfectamente.

Para fomentar las medidas de higiene y evitar el desabastecimiento en la única tienda que hay en el campo, algunos residentes se han puesto a fabricar productos artesanales, como jabón de manos o mascarillas, que luego reparten entre los vecinos del espacio.

Además, cada día se reparten tres kilogramos de pan a cada familia y se han establecido turnos para asistir a la tienda del campo y así protegerse aún más frente a un posible contagio.

Gracias a estas medidas, y en medio de una gran incertidumbre, los refugiados del campo de Azraq se enfrentan a la pandemia haciendo del campo de refugiados su refugio.

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