Atendieron nuestras plegarias

(Imagen compartida en Twitter por EFE Salud)
por Javier Polo Brazo

 

 

El protagonista de la obra de teatro de Oscar Wilde «Un marido ideal», Sir Robert Chiltern, decía aquello de “Cuando los dioses quieren castigarnos, atienden nuestras plegarias” y hasta hoy no nos habíamos percatado suficientemente de cuánta razón tenía.

¿Cuántas veces habremos ansiado poder quedarnos en casa? ¿Cuántas veces hemos reivindicado -los que podíamos hacerlo- teletrabajar de verdad, acudiendo lo mínimo a la oficina? Pues tenemos una buena nueva, los dioses atendieron nuestras plegarias. Pero como en aquellos chistes del genio de la lámpara, se nos olvidó perfilar bien los detalles sobre qué pedíamos exactamente, dejándolo a su libre albedrio, que para eso son divinos, la interpretación de nuestras peticiones, pensando que estábamos alineados.

Atendieron nuestras súplicas y, ya que estaban, atendieron de camino las del planeta que a su manera se quejaba de la sobreexplotación de los recursos, del daño irreversible que los humanos hemos hecho y del que nosotros mismos nos hemos autoinfligido.

Lo tuvieron claro, con una pandemia mataban dos pájaros de un tiro, atendían las plegarias de los humanos y las del planeta. Y aquí estamos. Pero como entre todos ellos se encontraba el Dios cristiano, ese que aprieta pero no ahoga, al menos ha querido ayudarnos retrasando la subida de las temperaturas y enviándonos tormentas; algo que nos predispone mejor a no abandonar el hogar. 

La pandemia nos pilló con una sanidad mermada por años de recortes, con unos políticos en todo el mundo a los que, en sus manos, el Imperio Romano les hubiese durado tres telediarios y con buena parte de la ciudadanía dedicada a las apariencias, que a la luz del día sale a los balcones a aplaudir, cantar o lo que toque; pero que en las tinieblas de la noche se dedica a colgar carteles en sus portales, o tweets en sus redes, que cumplen con los once principios de Goebbels. De los miles de fallecidos se habla lo justo. Porque siempre nos dio miedo la verdad y porque sólo existe lo que nos toca de cerca.

En fin; que a ver si aprendemos algo de todo esto. Yo me conformo con que consigamos aclarar cuáles son nuestras prioridades y que seamos más específicos cuando redactamos nuestras listas de deseos. 


Javier Polo Brazo, columnista de La Mar de Onuba, es fotógrafo, cineasta y escritor. Ente sus obras destacan el cortometraje Andar dos kilómetros en línea recta y el documental Las Altas Aceras. Desarrolla su actividad profesional en los campos de los Recursos Humanos, la gestión de calidad y la Responsabilidad Social Corporativa.

 

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