Así no se puede continuar o la insoportable levedad de la oposición

por José Luis Pedreira Massa

 

 

Esta semana ha sido difícilmente soportable. Ha sido una verdadera desfeita, un despropósito insufrible, se vea como se vea y desde donde se mire. Lo que ha acontecido es la puesta en escena de la antipolítica, pareciera que los hados del bosque y los dioses del Olimpo se hubieran puesto de acuerdo para competir en quién la decía más gorda.

Se está en el Congreso de los diputados, no es un patio de vecinas. Se supone que hemos de debatir y no hacer discusiones de cuñado. Se supone que tienen cultura y no son porteras de Arniches en acción. No, no les perdonamos lo que han hecho: caldo gordo a los deniegan de la política y se oponen a la democracia.

Me podrán llamar idealista o romántico, pero siempre he pensado y respetado al Parlamento como el lugar de la palabra, el debate de las ideas y de la transacción para conseguir consensos o acuerdos para mejorar la vida de la ciudadanía. Entonces debatir consiste en contraponer ideas, líneas de progreso, trabajo político en la relación social. El insulto y la descalificación es como terminan algunas algaradas de barrio o incluso finalizan como en “La guerra de los botones”, pero no es lugar el Parlamento para tirar piedras con honda, sino para batirse con el difícil arte de la palabra y de saber cómo, cuándo y dónde decir lo que se debe decir, la retórica, la semántica, la semiótica, en definitiva: la oratoria.

Si anteriormente expresaba que no es un patio, ni una corrala o portería de Arniches, he de asegurar que tampoco es una asamblea de facultad o tertulia de la noche ni un sálvame o sálvese. El relato (que no discurso) no debe soportarlo todo. El “dardo de la palabra” puede emponzoñar mucho las relaciones y la exposición de los argumentos, pues puede transformarse en la segunda voz de ponzoña en el diccionario de la RAE, es decir en alterar las buenas costumbres.

No lo digo en el plan moñas o moralista de costumbrista de nueva estirpe, sino en un sentido ético (no moral) de la emisión de un discurso (no de un relato) que va adquiriendo consistencia por su elaboración en la forma y en el contenido. Saber acercarse a la ciudadanía consiste en trasmitir, en tiempo y forma, los modos y maneras de la cortesía parlamentaria.

Lacan dice que el insulto ocupa el lugar que deja vacante la ausencia de palabras con sentido, tiene toda la razón. Por cada insulto que algunos líderes de la derecha han lanzado por sus bocas, se ha podido observar la emisión del insulto vaciaba de contenido su discurso previo, se marchaba como el agua por el sumidero, todo el contenido posterior ya no tenía ni sentido, porque le llevaba a reiterar el significado de los insultos emitidos sin tino en plan ráfaga de palabras, no llegaba ni a relato.

Subir al atril parlamentario para insultar al adversario solo demuestra la bajeza ética y formativa de quien así se comporta. El insulto en sede parlamentaria cercena el debate y lo traslada a la imposibilidad de obtener consensos o buscar terrenos comunes de convergencias posibles y tanto más en épocas de crisis como la actual que es una crisis sanitaria y, por lo tanto, está perfectamente identificada la etiología y la dimensión de sus efectos.

El insulto concreto y reiterado expresa emociones arcáicas, primarias como la rabia, el rencor y, en definitiva, la envidia. Melanie Klein escribió un ensayo precioso acerca de la envidia, resulta pertinente recordar la tesis básica que defendía esta autora. Sostiene Klein que la envidia se dirige de alguien hacia otra persona al que supone unos valores (A) que los demás reconocen y que, siendo los propios mayores (B), no adquiere ese reconocimiento, es más si comete un error (B) se le agranda mientras que al otro (A) se le minimiza. En este sentido todo lo mío (B) siendo mejor que lo del otro (A), es el otro (A) quien adquiere reconocimiento, por lo tanto yo (B) quiero estar en el lugar del otro (A), para lo que solo queda una opción: que el otro (A) muera. En este terreno a B solo le queda una salida: entrar a degüello contra A, sea la razón que fuere, no se le puede reconocer nada ni permitir que los demás lo hagan.

Estas dos dinámicas son complementarias, de tal suerte que la envidia sostiene la respuesta inicial de resentimiento, sostiene la rabia y el rencor, y consigue expresarse en el insulto como espada mortífera contra el adversario político, en este caso.

Los portavoces de la derecha descontextualizan hasta el significado de los insultos: llaman asesinos a las personas, pero el que mata es un virus, el SARS-CoV-2, no hay envenenamiento sino mecanismo de transmisión perfectamente estudiado por la ciencia epidemiológica. Terrorista, en el contexto de una dictadura, es todo aquel que se le opone, luego no es el hecho como tal, sino una generalización hacia los opositores a la dictadura.

La responsabilidad política y gestora recae sobre los que tienen la potestad ejecutiva sobre los servicios, por ello no pueden derivar hacia otros lo que les compete de forma directa: las competencias de las comunidades autónomas en Servicios Sociales (las residencias de ancianos) y en Sanidad, les atañe total y completamente, otra cosa es seguir las directrices emanadas del famoso “mando único”, no se pueden escudar en estas palabras envenenadas de pócima manipuladora.

Saber gobernar es saber priorizar. En este momento lo prioritario es vencer la presión de la pandemia, luego será el momento del análisis y de saber lo que se hizo regular o menos bien, incluso mal, y lo que se hizo bien. Se aprende de la experiencia porque, en esta ocasión, todo era nuevo y los conocimientos eran un soporte para tomar decisiones basadas en pruebas científicas, pero esos fundamentos científicos eran meros instrumentos que se enfrentaban en cada momento a una realidad nueva y cambiante. No, no se cambiaba de opinión, era la realidad la que cambiaba y había que enfrentarla y afrontarla en ese cambio constante. A esta metodología de investigación se la conoce como “investigación-acción”, es la metodología de investigación más compleja y que precisa una formación específica, es la metodología de investigación que se enfrenta y confronta, de forma permanente, con lo que Popper denominó como “hipótesis nula”.

Intentar interpretar como cambios de opinión las diferentes normas de conducta ante un hecho concreto (p.e. el uso de las mascarillas) no se corresponde con la realidad científica de los contenidos que se expresaron a lo largo de este periodo, según los diferentes momentos evolutivos, incluidos los aprovisionamientos de material y la necesidad de no propagar la desmoralización general o la reivindicación improductiva con efectos secundarios no productivos.

La realización de test es otro campo de batalla. Hay que hacerlos, pero cuándo y a quién esté indicado con criterio clínico y/o epidemiológico. La respuesta científica a responder es ¿para qué realizar los test? No se deben realizar como “quitamiedos”, sino que debe responder a una clara indicación, porque no todos tienen la misma significación, ni la misma indicación ni la misma fiabilidad. Si no se responde con ciencia y conciencia la respuesta precedente, entonces es hacer cosas por hacer, no se puede llamar epidemiología porque para ello bastaría una muestra con un tamaño muestral para la que existen fórmulas que lo calculan y luego está un principio ético fundamental: toda investigación epidemiológica debe tener, de forma previa, establecida y conocida la cobertura asistencial para los casos detectados.

El último comentario se sitúa en el confinamiento y el estado de Alarma, dos herramientas necesarias y aplicadas, con diferente intensidad, en todos los países que de forma seria y responsable querían acceder a limitar la expansión de la pandemia. Aquí es una situación plenamente constitucional, no es ningún estado de excepción, sino un acto de solidaridad general para circunscribir la posibilidad de contagio, así se demostró con la rebaja en muertes y contagios tan patente. La OMS avisó: el fin de los confinamientos puede ser peligroso y recomendaba realizarlo con precaución. Nos podrá gustar más o menos, se podría haberlo hecho de otra forma, pero había que hacerlo. En otros países se hizo más rápido y tuvieron repuntes de contagios que obligaron a retornara un confinamiento previo.

Hasta aquí algunos datos y sus contenidos científico-técnicos, las interpretaciones realizadas por las derechas, se denominan atribuciones y son inferencias mediadas por opiniones subjetivas y sin ninguna consistencia, son contenidos interpretativos que se articulan con el odio, el rencor, la rabia y, en definitiva, la envidia. Por ello no han colaborado ni quieren colaborar con la comisión de reconstrucción.

El Parlamento es necesario y las derechas lo quieren banalizar y dinamitar desde dentro, vaciando de contenido la capacidad de elaboración seria y responsable de los temas. La ciudadanía les solicitamos respeto hacia nosotros, ya que no son capaces de mantenerlo entre vds y las instituciones. Su desfachatez consiste en que se saben conocedores de que la izquierda ha ganado las elecciones (5 veces), incluso el gobierno, pero las derechas siguen con el poder…


José Luis Pedreira Massa, Don Galimatías en La Mar de Onuba, es Vocal del Consejo Asesor de Sanidad y Servicios Sociales del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. de Psicopatología, Grado de Criminología (UNED).

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