Arrimadas arrebata a Casado el centro-derecha y recupera protagonismo en la desescalada

Inés Arrimadas (Foto: Carlos Teixedor Cadenas)

El Gobierno de coalición y Ciudadanos cierran un acuerdo para prorrogar el estado de alarma, mientras ERC se posiciona en el «no».

Con apenas 10 diputados, los naranjas amplían el espectro ideológico del plan de desescalada del Ejecutivo.

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La «nueva normalidad» política está llegando al Congreso al mismo tiempo que la desescalada. Los protagonistas del nuevo escenario son el Gobierno de coalición, formado por PSOE y Unidas Podemos, y Ciudadanos, que ha sellado su giro con un pacto con el Ejecutivo para prolongar el estado de alarma este miércoles en el Congreso. Inés Arrimadas hace valer sus 10 diputados, arrebata a Pablo Casado (PP) el centro-derecha y amplía el espectro ideológico de la desescalada al introducir sus condiciones en el acuerdo de ampliación. Fuera de juego queda ERC, un socio en el Congreso que hasta hoy tenía un papel titular y que votará «no» a los planes del Ejecutivo. Finalmente, el estado de alarma saldrá adelante con los votos del PNV.

La gestión de la crisis de la covid-19 ha barrido con todo, también con la mayoría que dio la presidencia del Gobierno a Pedro Sánchez. Hasta ahora era la fórmula sobre la que negociar la legislatura, pero el relevo en la cúpula de Ciudadanos ha abierto una nueva aritmética, al menos, en la votación de este miércoles. Los 10 diputados de Arrimadas se sumarían a los 155 de PSOE y Unidas Podemos. Antes del acuerdo, Más País y Compromís habían anunciado su «sí». Por el ‘no’ parecen optar Vox, Junts per Catalunya, la CUP y ERC, mientras EH Bildu y BNG se mueven en la abstención. Aún así, la aritmética sigue siendo compleja, ya que Sánchez necesita recabar más «síes» que «noes». El voto del PNV se irá al ‘sí’, después de que el Ejecutivo se haya incorporado a la prórroga una mayor «cogobernanza» de las comunidades autónomas en el proceso.Por tanto, saldrá adelante el estado de alarma.

Durante las últimas horas, el Gobierno se ha empleado a fondo, con la vicepresidenta Carmen Calvo llamando a dirigentes autonómicos del PP, como Alberto Nuñez Feijóo del que ha conseguido un cambio de opinión favorable, o con la vicepresidenta cuarta, Teresa Ribera, contactando otros con grupos parlamentarios como Más País. En cualquier caso, Sánchez ha demostrado que la «geometría variable» es posible en el Congreso y consigue esquivar el «no» a ERC.

Sánchez se compromete a «informar» y «hablar» con Arrimadas

De esta forma, Sánchez habría conseguido conciliar intereses muy contrapuestos, que abarcan desde los de Unidas Podemos a los de Ciudadanos. Todos ellos votarán a favor de prolongar el estado de alarma y mantener «las medidas de protección a los españoles en los ámbitos sanitario, económico y social» más allá de este excepcional paréntesis, tal y como apunta el comunicado sobre el acuerdo.

En primer lugar, el Gobierno se compromete a contactar con Ciudadanos «semanalmente» para informarles sobre la crisis sanitaria y a «dialogar» y «consensuar medidas para la implementación del Plan para la transición hacia una nueva normalidad», algo que el Ejecutivo no ha hecho hasta ahora.

El Gobierno y los naranjas reconocen la necesidad de prorrogar el estado de alarma, pero solo «por el tiempo estrictamente necesario». Por ello «se analizarán las medidas» en el ámbito sanitario, económico y social cuando concluya su aplicación. En tercer lugar, Sánchez se compromete a «mantener el diálogo» para adaptar «los ERTE y las ayudas a PYMES y autónomos»  y el resto de las medidas «de protección social» más allá del estado de alarma.

PP y Vox, al rincón «de los enfadados»

Mientras se negociaba en el acuerdo, en la tarde del martes Sánchez comparecía en el Senado. En esa sesión, la ‘ciudadana’ Lorena Roldán le dejaba muy claro al presidente dónde quería estar su partido: «No nos vamos al rincón de los enfadados«, le advertía. Este último movimiento devuelve a Ciudadanos a su casilla de salida política, cuando emergió con vocación pactista, presumiendo de ser de centro y antes de que en 2017 eliminaran la socialdemocracia de sus siglas. Después, el hoy dimitido Albert Rivera decidió rivalizar con el PP por la derecha con unos nefastos resultados electorales.

Con este último movimiento, los naranjas se distancian del PP y se perfilan como una oposición constructiva frente a los de Casado, que si votan «no» se retratarán en esa foto con Vox. No es la primera vez que Arrimadas se cae de esa imagen. Ya sucedió en la famosa manifestación de Colón en 2019, a la que no acudió por perder un vuelo.

En estos momentos, el PP ya ha decidido no apoyar la prorroga del estado de alarma, lo que se podría traducir en una abstención o un «no». En todo caso, en el PSOE confiaban este martes en que el PP acabará absteniéndose. Aún así, desde el lunes, los dirigentes del Gobierno han pasado a la acción y han decidido desplegar toda su retórica a través de Illa, quien advirtió a los ‘populares’ de que pueden sembrar el caos si dejan caer el estado de alarma, y José Luis Ábalos, que les recordó que el Estado podría quedarse sin el instrumento más idóneo en el caso de un rebrote.

Hacia la reconstrucción

Con el giro de Arrimadas, el PP ve cuestionada su capacidad de proponer una alternativa, mientras la dirigente naranja demuestra su influencia con solo 10 diputados. El próximo jueves se elegirá la mesa de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica, que puede ser una oportunidad de acuerdo en el que se encuentren todas o la mayoría de las fuerzas políticas o un nuevo instrumento para que los ‘populares’ le hagan oposición a Sánchez.

Por si acaso, el presidente del Gobierno pidió hace unos días extender la política de pactos para la reconstrucción «cada comunidad autónoma, en cada ayuntamiento, gobierne quien gobierne”. Por tanto, ya empiezan a moverse las primeras propuestas para situarse a la cabeza de la iniciativa política y señalar a quien no muestre voluntad constructiva. En Castilla y León, el socialista Luis Tudanca se ha mostrado abierto a negociar con el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, mientras Susana Díaz ha ofrecido su mano tendida a Moreno, dos «oposiciones» que contrastan con la negativa de Ayuso a ni siquiera sentarse.

La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, se ha convertido en el contrapoder más potente que se ha encontrado Sánchez a nivel autonómico. Si ya nadie habla de los «pactos de la Moncloa», el PSOE ha usado su poder autonómico para encajar a la lideresa fuera de la oposición constructiva. El socialista Ángel Gabilondo, difícil de encasillar en la imagen de radical, le ofreció a Ayuso unos pactos para la reconstrucción que abarcasen incluso lo presupuestario, una posibilidad que ella rechazó, pasando por encima de su vicepresidente, el ‘ciudadano‘ Ignacio Aguado, más dispuesto a negociar: “No pacto con el desastre. Si Cs quiere pactar con el PSOE, lo respeto”, dijo premonitoriamente.

El «cogobierno» con las autonomías

En la desescalada «asimétrica», el presidente tendrá que entenderse a la fuerza con el PP, que encabeza Ejecutivos en Andalucía, Galicia, Castilla y León o Murcia. El president catalán Quim Torra o el lehendakari Iñaki Urkullu también han expresado sus quejas en público y en privado, unos desacuerdos que pueden tener sus efectos también en el Congreso de los Diputados.

En esta nueva fase han prometido un «proceso de cogobernanza» con las comunidades autónomas y las ciudades de Ceuta y Melilla, que corresponde al carácter «gradual, asimétrico, coordinado» de la desescalada. Esta semana, el ministro comenzará con las reuniones bilaterales con las comunidades autónomas para negociar sus planes. En realidad, la orden ministerial, permite a las comunidades autónomas remitir «propuestas» a la Secretaría General de Sanidad para que ambas administraciones las estudien «conjuntamente» e incluso consulten al resto de ministerios si es necesario. Sin embargo, la resolución final recaerá en el Ministerio de Sanidad.

Para aplacar el conflicto territorial, el Gobierno también ha habilitado un fondo de 16.000 millones para las comunidades autónomas que no tendrán que reembolsar en el futuro. En principio, las que han sufrido mayor impacto de la pandemia serán las más beneficiadas, lo que sitúa a Madrid y Catalunya en la casilla de salida, mientras despierta recelo en otras como Valencia o Andalucía.


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