Aroche y la wollastonita

por Juan Calixto.


Aparece hoy en la prensa provincial el anuncio de un proyecto minero de wollastonita en  Aroche, que se vende como si éste fuera el Nuevo Dorado  para un pueblo jornalero que lleva siglos viviendo del campo.

No les bastó el Plan Marshall de los eucaliptos, que se llevó por delante  siglos de historia, dejando nuestros campos arrasados por la fuerza brutal de los Caterpillar, arrancando cientos de miles de alcornoques, encinas y quejigos, enterrando para siempre centenares de cortijos de toda nuestra Sierra, desde Santa Bárbara a Rosal de la Frontera, desde San Telmo a Cortegana, que ahora, los mercachifles del marketing nos anuncian, a bombo y platillo, el edén de la minería de Wollastonita, como si la gente de la provincia no conociésemos el resultado de la minería a cielo abierto.

De los eucaliptos nos quedó el amargo recuerdo del pan con sangre que ganaron nuestros jornaleros, con trabajos a destajo y estéreos de madera mal remunerados, y el testimonio de aquellos que, lisiados de la columna, caminan con muletas por las empinadas calles de Aroche. Los dueños del capital, en busca de mayor rentabilidad en países del tercer mundo, desubicaron la famosa industria de la celulosa y con ello desterraron también el podrido olor a coles cocidas que durante cuarenta años contaminó los cielos de San Juan del Puerto y Trigueros.

Ahora, los estrategas de Wall Street, de la mano de Explotaciones Aroche, una empresa de dudosa reputación que aún no ha  rehabilitado la Cantera de mármol,  un agujero visible en todos los mapas de la zona, y que lleva sin actividad desde hace casi 25 años,  nos quieren vender un proyecto de viabilidad económica para la explotación de la wollastonita.

En el mediocre proyecto de esta empresa se nos habla de mineral ecológico, y se insinúa que el material obtenido podría utilizarse para neutralizar la famosa Balsa de Fosfoyesos, que a día de hoy sigue ruborizando a la gente sensible de nuestra capital.

En el también mediocre estudio de impacto ambiental, expuesto a información pública en la Delegación de medio ambiente, no se hace referencia  alguna a  los tres barrancos que discurren por la zona de actuación, y en el que uno de ellos, el barranco del Paraíso, recogería todas las aguas de la escombrera que ubicarían en unas de sus vertientes. Ni por supuesto a la reserva estratégica de aguas subterráneas del acuífero Aroche-Jabugo, encima de la cual pretenden, mediante la utilización de explosivos, reventar nuestros cabezos.  También se obvia que la zona de actuación más cercana al municipio, dista menos de 500 metros del casco urbano y del colegio de primaria José Romero Macías, de manera que los días que el viento sople del Sur, los polvos de la trituradora se depositarían en los tejados de nuestras casas y los patios de nuestro Colegio. Tampoco se tiene en consideración las más de 36 parcelas de pequeñas huertas,  de olivares centenarios y  de encinas y alcornoques que se encuentran en la zona de actuación, la cual dista 2 km escaso del límite del Parque Natural.

Lástima que todas estas pequeñeces no signifiquen nada en las cuentas de resultado de estos gigantes de la minería.

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