«Huelga general» de trabajadores chabolistas tras el incendio, desalojo y derribo del asentamiento de Lepe

«Ellos vienen a Huelva trabajar, dicen, porque Huelva necesita de su trabajo. Pero Huelva no está preparada para acoger a tantos trabajadores como necesita, y acaban hacinados en ciudades de plástico y cartón, que son devoradas por las llamas hasta una veintena de veces por año. Una paradoja incomprensible en una provincia que dice apostar por el desarrollo de su economía».

Tras el devastador incendio del martes, 148 personas han sido alojadas, como viene siendo habitual, en el campo de fútbol de Lepe. Otras han sido acogidas por conocidos en la localidad costera y otras aledañas, y otros se han trasladado con sus enseres personales a otros asentamientos chabolistas de la provincia.

Cruz Roja gestiona con varios empresarios agrícolas el acogimiento en las viviendas que utilizan durante la temporada de recolecta para las trabajadoras contratadas en origen.

El Ayuntamiento de Lepe inicia el perimetrado del terreno donde se asentaban las chabolas para impedir que el poblado vuelva a levantarse.

La convocatoria de «huelga chabolista» se realizó este martes vía WhatsApp y redes sociales, y cuenta con el apoyo de diversas organizaciones sociales que colaboran con los residentes de los asentamientos.

Este miércoles, 16 de octubre de 2019, decenas de trabajadores del sector agrícola -principalmente- no acuden a sus puestos de trabajo. Han convocado una huelga general de peones chabolistas, tras lo sucedido ayer martes en Lepe. La noche antes, un devastador incendio (el segundo en dos días, y el mayor que se recuerda en el asentamiento anejo al cementerio de la localidad) asoló más de 200 chabolas, dejando sin hogar -otra vez- a más de 350 personas. Otros tuvieron mejor suerte, o creyeron tenerla, pues a pesar de la virulencia del fuego, sus infraviviendas no sucumbieron al incendio.

Cuando amaneció el martes, como cada día, muchos de estos últimos subieron a los autobuses que les llevan y les traen a las empresas donde trabajan como peones agrícolas y otras ocupaciones. Algunas de la provincia de Huelva, otras de la de Sevilla, también algunas de Portugal. Fuentes del Ayuntamiento de Lepe aseguran que en torno al 90 % de quienes residían en el asentamiento del cementerio eran trabajadores de empresas de otras localidades.

Residían. Porque cuando, al filo de comenzar la tarde del martes, los servicios de extinción sofocaron el espectacular incendio, el mayor hasta la fecha de los muchos que el asentamiento recuerda (según fuentes de Cruz Roja, ardieron  entre 200 y 300 chabolas), maquinaria pesada autorizada por el Ayuntamiento ocupó el terreno y tiró abajo las pocas infraviviendas que habían logrado no verse afectadas por el fuego. Todo quedaba reducida escombros que otras maquinas acumulaban como residuos. Después se ha procedido a remover la tierra del terreno, de propiedad privada. Este 16 de octubre el asentamiento chabolista del cementerio de Lepe ha dejado de existir.

Algunos afectados han sido acogidas por conocidos en la localidad costera y otras aledañas. Otros se han trasladado con sus enseres personales a otros asentamientos chabolistas de la provincia. Cruz Roja gestiona con varios empresarios agrícolas el acogimiento en las viviendas que utilizan durante la temporada de recolecta para las trabajadoras contratadas en origen. 148 han sido alojados, como viene siendo habitual, en el campo de fútbol de Lepe. Según las primeras informaciones, deberán desalojarlo hoy mismo.

Todos ellos, los que la madrugada anterior vieron arder el lugar donde dormían y guardaban sus cosas, y los que tuvieron la suerte de que sus chabolas no sucumbieran al fuego, perdieron ayer sus «vivienda». Algunos también su pocas propiedades . Otros, los sin papeles, que también los hay aunque trabajen cada día, han perdido todos los recibos, billetes, facturas, parte médicos que demuestran su «arraigo» para acceder a los permisos de residencia y trabajo que regularicen su situación.

Fuentes oficiales cifran en unas 200 personas las afectadas por el incendio y el desalojo del asentamiento. Las ONG que trabajan con estos trabajadores extranjeros (la mayoría subsaharianos) elevan la cifra, según la fuente, hasta más de cuatrocientos.

Los que realizan sus jornales en otras provincias y los que son recogidos cada día en autobuses no pueden trasladarse sin organizarse antes. A los 148 acogidos en un recinto municipal, como es habitual cada que el fuego se cruza en sus vidas, de les ha dado un plazo de 48 horas para desalojarlo., Entraron tras el incendio y pasaron allí la noche. A las nueve de la mañana tuvieron que abandonar el polideportivo para no entorpecer su actividad habitual, y a las nueve de  noche se abrían de nuevo las puertas para poder pasar la noche. Tal vez la última. Cruz Roja le has hecho entrega de un kit de higiene (cepillo de dientes, gel de baño…), otro de vestuario (ropa interior, sudadera, pantalón de chándal…) y mantas. Este miércoles les comunicarán si hoy deben abandonar el recinto o el Ayuntamiento les concede unos días más de estancia, solo por la noche.

Pero no es ayuda lo que quieren reclamar este miércoles no yendo al tajo. Piden coherencia. Saben que su trabajo es esencial para las empresas agrícolas y otras. Y más en estos días, en los que sólo en el sector fresero, se ofertan 10.000 puestos de peones. La temporada de siembra de fresones hace que los asentamientos doblen, y hasta tripliquen sus habitantes. Trabajadores que llegan a Huelva y encuentran empleo como jornaleros, pero no vivienda. Durante la recolecta, algunos asentamientos superan el millar de residentes.

Los chabolistas no quieren seguir viviendo así. Se saben parte del engranaje económico de esta provincia. Como saben que sin ellos, sus empleos quedarían vacantes. En la última campaña de recogida, el Servicio Andaluz de Empleo ofertó casi 20.000 puestos de trabajo, apenas 970 residentes en la provincia de Huelva mostraron interés por la oferta pública. Casi 20.000 fueron las mujeres contratadas en origen que vinieron de Marruecos, porque España es incapaz de surtir los casi 100.000 empleos que genera el campo onubense en sus momentos álgidos.

Que el Ayuntamiento de Lepe ordenara o autorizara ayer el derribo y desalojo total del asentamiento del cementerio, ha exacerbado los ánimos de estos trabajadores. Están cansados de la «solidaridad de emergencia», de acogidas temporales y de los kits que los ofrecen los voluntarios, por los que muestran verdadero afecto y agradecimiento. No entienden por qué deben verse atendidos por ONG. Ellos vienen a Huelva trabajar, dicen, porque Huelva necesita de su trabajo. Pero Huelva no está preparada para acoger a tantos trabajadores como necesita, y acaban hacinados en ciudades de plástico y cartón, que son devoradas por las llamas hasta una veintena de veces por año. Una paradoja incomprensible en una provincia que dice apostar por el desarrollo de su economía.

Este miércoles quieren protestar por su situación. Los trabajadores ex residentes del asentamiento del cementerio de Lepe acudirán a las estación de la localidad, 148 de ellos desde el polideportivo donde han pasado la noche. Puede que hoy mismo tengan que desalojarlo sin saber adónde ir.

No subirán a los autobuses. Harán huelga. Durante el día decidirán si es una protesta puntual. Un «aviso» a todos lo que miran hacia otro lado ante su lamentable situación. O si prolongan el paro hasta que vean un voluntad real de abordar esta problemática, «que no es ellos», dice una de las voluntarias que ha pasado la tarde de este martes ayudando en lo que quedaba de asentamiento. «Quien tiene problema es quien depende de esta mano de obra», añade, enfadada, «Lo que estas personas no tienen es casa ni donde alojarse por que nadie ha previsto una solución a la falta de alojamientos para tanta mano de obra».

Las asociaciones acompañarán esta mañana a los desahuciados del asentamiento de Lepe en su protesta en la Estación de Autobuses local. A través de WhatsApp han pedido que se unan al paro los trabajadores que también malviven en otros asentamientos de la provincia. Para saber en qué medida su movilización surte algún efecto habrá que esperar a que termine el día.

Fuego sobre los miserables

«No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo».

(Alejando Dumas)
Perico Echevarría, editor y director de La Mar de Onuba
(Texto publicado en mayo de este año tras el anterior incendio que devastó el asentamiento de Lepe)

Es un día cualquiera. Apenas empieza la noche a ceder espacio al día en «las chabolas del cementerio» de Lepe, y ya pueden verse pequeños grupos de personas, la mayoría de origen subsahariano, personas de piel negra, que esperan el autobús que les llevará a sus respectivos trabajos en explotaciones agrícolas de la Provincia de Huelva.

Son trabajadores legales, con papeles (un estudio de la Universidad de Huelva cifra en el 74 % los que no se encuentran en situación irregular en España), permiso de residencia y la mayoría dados de alta en la Seguridad Social en meses de campaña agrícola. Algunos de ellos no solo trabajan durante la temporada de recolecta de fresas, moras y arándanos, el oro rojo de la provincia de Huelva. Su vida laboral se extiende al resto de meses del año, ya que muchos realizan labores de mantenimiento y asistencia a la industria del campo. No pocos gozan de una situación económica, en la actual realidad española, considerablemente mejor que las de decenas de miles de familias españolas en las que ningún miembro tiene trabajo ni recibe prestación por desempleo. Por el contrario, en algunas chabolas como las infraviviendas que este jueves han sido, otra vez, pasto de las llamas, todos sus habitantes tienen trabajo. ¿Por qué viven en esas condiciones?

No hay que darle muchas vueltas. A pesar de los muchos años que eventual o establemente llevan siendo vecinos y vecinas de Lepe, donde compran, consumen y hasta comparten amistades, piezas efectiva del engranaje industrial sobre el que pivota la riqueza agrícola de la Provincia de Huelva, no hay viviendas dignas para ellos. Son extranjeros, son negros, son árabes, profesan otras religiones, proceden de otras culturas.

La Asociación de Nuevos ciudadanos por la interculturalidad (ASNUCI) ha apoyado diversas concentraciones convocadas para exigir una solución a la falta de viviendas para los trabajadores y las trabajadoras que la Provincia de Huelva reclama durante más de seis meses al año. Algunas de estas concentraciones llegaron a ser desautorizadas por la Subdelegada del Gobierno en Huelva, Manuela Parralo, quien denegó la autorización para la concentración convocada el pasado 24 de mayo, por «coincidir con actos de la campaña electoral». Muchos de los que solo unas horas antes habían perdido sus escasas posesiones, también votaban el 28 de mayo. Pero salir a la calle a manifestar su tragedia interfería el proceso electoral. Se desconoce si alguno de ellos ejerció su derecho al voto. Aquel domingo, la mayoría de ellos estaba reconstruyendo, otra vez, su «vivienda».

El sector agrícola admite que el campo onubense produce más fruta de la que puede recolectar, porque, por los motivos que sean, la oferta de empleo en el tajo es poco atractiva para los trabajadores españoles. Por su parte, la Federación Onubense de empresarios reclama más mano de obra y considera que la Administración debe articular medidas que arbitren los mecanismos oportunos para “procurar que las campañas agrícolas cuenten con los trabajadores necesarios para salir adelante”. Aunque la petición no concreta qué tipo de medidas debería implementar la Administración, la propia FOE llama la atención sobre «el escaso interés que producen en los trabajadores las ofertas laborales de los agricultores onubenses». En la última campaña de recolecta campaña, sólo 970 personas respondieron a una oferta de 23.000 puestos de trabajo convocados a través del Servicio Andaluz de Empleo (SAE).

Foto: Marcos Moreno (El Español)

Ninguno de los pueblos en los que existen asentamientos chabolistas en la provincia ha desarrollado un plan especial de vivienda que contemple el extraordinario crecimiento de su población durante la temporada alta de los frutos rojos. Lo más parecido es el Plan Hábitat, promovido por el Ayuntamiento de Lepe, una suerte de agencia de intermediación entre propietarios e inquilinos, con garantías municipales e incentivos de hasta 500 euros, que el propio equipo de gobierno admite que no ha obtenido los resultados esperados.

Tampoco lo han hecho la Diputación Provincial, la Junta de Andalucía o el propio Gobierno. Muchas explotaciones sólo tienen alojamiento para trabajadoras extranjeras contratadas en origen. Aunque en menor medida que durante los meses de recogida, algunas de ellas tiran de la mano obra de los asentamientos durante todo el año, pero no han contemplado medidas para que sus trabajadores no residan en miserables condiciones de habitabilidad, en las que el fuego ha devorado, como este jueves, sus pocas propiedades 27 veces en sólo ocho años.

Los alquileres son caros para un salario con el que se espera poder vivir también los meses sin empleo. Los propietarios de viviendas vacías rechazan alquilarlas a trabajadores subsaharianos. En consecuencia, el negro es el color de piel predominante en los asentamientos. Son los miserables del oro rojo. Nadie quiere que se vayan, porque necesitan su mano de obra, pero nadie apuesta por integrarlos en condiciones dignas en una sociedad que se beneficia de su presencia.

Las organizaciones de Derechos Humanos exigen una implicación real y efectiva de las instituciones públicas para la «reubicación habitacional estable de las personas asentadas», como medida previa a la erradicación del chabolismo. “Es importante y necesario que se creen planes y medidas que tengan como objetivo establecer soluciones efectivas y duraderas y no medidas superficiales que tan sólo palíen la situación de manera transitoria”, señalan desde Asnuci y APDHA.

Jornada de convivencia intercultural organizada por Asnuci el La Antilla el pasado 1 de mayo para celebrar el Día del Trabajador

Por ello, las asociaciones vuelven a reclamar derechos “para las personas que trabajan, cotizan, ofrecen su esfuerzo y forman parte del entramado productivo agrícola de nuestra provincia”. Y lo hacen mediante respuestas clave como «la implicación de todas las administraciones en la búsqueda de soluciones efectivas, duraderas, coordinadas e integrales, así como actuaciones concretas, «dotadas de presupuesto y evaluadas en su ejecución».

“Aquí, en estas tierras, la piel negra está maldita. La gente debería darse cuenta de que tenemos sueños y un corazón como todo el mundo”
Además, las organizaciones plantean la creación de un plan multidisciplinar que afronte esta grave situación desde una perspectiva amplia, teniendo en cuenta todas las dificultades a las que esta población tiene que hacer frente (acceso al trabajo, vivienda, sanidad, inserción social, situación documental irregular, etc.). En este sentido, las Administraciones serían las responsables de la puesta en marcha de este plan, diseñado y apoyado desde el Foro Provincial de la Inmigración. Incluiría la puesta en marcha de una red de recursos en todas las zonas agrícolas que permitan a las y los trabajadores temporeros no verse obligados a vivir en asentamientos que no disponen de ningún tipo de servicios mínimos.

Un grupo de trabajadores subsaharianos residentes en el asentamiento de Lepe durante una jornada de convivencia intercultural organizada por Asnuci

Asnuci y APDH exigen que se establezcan cauces «sencillos» para garantizar que los trabajadores que viven en los asentamientos puedan ejercer su derecho a la atención sanitaria (física y mental), derecho a la inserción laboral activa y real, derecho a un alojamiento digno y a disfrutar de un servicio de orientación jurídico legal, garantizar su empadronamiento en las localidades en las que viven, tal y como establece la ley, ya que no poder empadronarse dificulta el ejercicio de muchos otros derechos; entre ellos acceder al subsidio agrario.

La industria de los frutos rojos (y otras) se nutren -también- de los asentamientos, pero en sus programas de Responsabilidad Social Corporativa ni se intuyen líneas que aborden un problema humanitario, que impide la integración en nuestra sociedad de trabajadores y trabajadoras que son nuestros vecinos, cotizan, compran y consumen, pero que tienen escasas posibilidades de desasentarse para hacerlo dignamente. Al menos, un autobús les recoge y les trae de vuelta cada día,de lunes a domingo, para que la industria no pare.

Aquí, en estas tierras, la piel negra está maldita. La gente debería darse cuenta de que tenemos sueños y un corazón como todo el mundo”, le dijo Mame, un ciudadano senegalés residente en «las chabolas del cementerio» al periodista de El Español Andros Lozano). No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo, decía por su parte,Alejandro Dumas, el gran escritor de origen afroamericano (hijo del primer negro que llegó a general del ejército francés, tras alistarse con sus papeles de esclavo). Sólo el sector de los frutos rojos factura en la industria agrícola más de 800 millones de euros todos los años; los cítricos suman 400 millones más cada año. Centenares de peones que lo hacen posible, no están a salvo de que el fuego acabe con sus escasas propiedades tres (o más) veces por año.

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