Ana Morales habla de tiempo de cambios

Teresa Fernandez Herrera

Hablo con la bailarina y bailaora Ana Morales de la culminación de un espectáculo que sin embargo permanece abierto mientras siga representándose por el mundo. Hablo con Ana en Sevilla, en vísperas del estreno en el teatro Lope de Vega de Sin permiso: Canciones para el silencio. Un proyecto de residencia que empezó hace más de un año en Londres con Silencios y Vértigos. En marzo de este año llegó a Jerez de la Frontera con Requiem. Ahora en Sevilla serán Canciones para el Silencio. Todo ello Sin permiso.

Teresa Fernández: Si te parece, Ana, podríamos empezar hablando desde el principio de este proyecto tan importante en tu vida personal, en el que  hablas de tu vida. Cuenta donde surgió la idea, de su gestación y evolución hasta llegar a esta fase de Canciones para el silencio.

Ana MoralesTenía que crear un proyecto en homenaje a mi padre y al mismo tiempo desbloquear mi parte masculina y todo lo masculino que se mueve a mi alrededor. Necesitaba saber qué estoy haciendo, dónde estoy y para ello tenía que mover algo.

TF: ¿Quizá te quedó pendiente algo que no dijiste a tu padre?

AnaNo, no es que se quedara algo pendiente, es que la comunicación con mi padre nunca fue fluida. Él era un muro de silencios. Un día recordé que mi hermana mayor guardaba unas memorias escritas por mi padre, pero él no le había dado permiso para leerlas hasta después de su muerte. Nadie las había leído. Él nunca nos contó qué pasaba en su vida y nosotras nunca quisimos preguntarle, por no faltarle al respeto. Nos mantuvimos al margen, respetamos su manera de ser. Y para ese homenaje necesitaba tenerlo presente, hablarle, desatarlo. Así que fui a Barcelona a por las memorias y ahí estaba todo. Todo lo que no había hablado con nosotros. Estaban escritas en primera persona de su hermano pequeño, desvelaban toda nuestra raíz andaluza desde los bisabuelos. Hablaba de Sevilla, de sus calles y me di cuenta de que ese era mi lugar, mi sitio.

TF: Y de ahí surgió la idea. Las memorias fueron la génesis de este proyecto.

AnaSí, llamé enseguida a Guillermo Weickert, a todos los artistas que están aquí desde el principio de la idea, hasta hoy.

TF: Dime, qué tiene Canciones para el Silencio que no viéramos hace meses en Jerez, en Requiem.

AnaEn Jerez vimos tres piezas y aquí veremos dos más. Una pieza nueva, de fiesta y desahogo de mi niñez, recordando que había fiesta, que tuve una niñez muy bonita. Mis padres no eran flamencos, solo aficionados y frecuentaban una peña, era un modo de recordar a Andalucía. Ahí empecé a bailar. En esta parte la comunicación con mi padre ha tenido sobre todo la intención de desbloquear mi parte masculina, qué relación he tenido con los hombres que han pasado por mi vida, qué me ha bloqueado…

TF: En Jerez vimos una relación amorosa muy bonita…

AnaTambién aquí, pero más bien desde el ángulo de las relaciones de mi vida siempre asociadas a mi relación con la figura paterna. Ese maravilloso bailaor que es José Manuel Álvarez será mi espejo…Mi padre no nos permitió entrar en él, por lo que no tengo presencia de una relación normal con un hombre en casa. Y eso ha marcado mis relaciones personales. Cuando no hay una relación natural de amor ni de cariño con un hombre, eso marca muchísimo. Sin permiso también es entrar en la vida de él y al mismo tiempo en mi masculinidad…Desatarme sin permiso.

TF: Los artistas tenéis la suerte de poder liberar vuestro inconsciente de vuestros pequeños, medianos o grandes traumas infantiles con vuestro arte y la danza es algo que da de lleno en la diana. ¿Para tí es algo terapéutico?

AnaSí, mucho. Doy gracias todos los días de poder dedicarme a la danza. Para mí es una liberación absoluta. Cada artista está en este mundo con un don y con un deber, con una función. Yo estoy en esta vida para liberarme con este trabajo, con el flamenco y en el momento en que estoy la necesidad es grande. Lo necesito porque estoy en un momento de cambio.

TF: Y este proyecto, te está sirviendo para ponerte en el camino…

AnaSi, es cierto, pero no es fácil. Este espectáculo está perfectamente diseñado para que yo pueda liberar emociones en escena desde lo más interno. Pero llega un punto en que nunca sabes lo que puede ocurrir en el escenario, ese algo que escapa al diseño y a las previsiones. Llegar ahí o no…yo soy únicamente un canal. Hay veces que ocurre y veces que no

TF: ¿Estás consiguiéndolo? Llevas mucho camino recorrido.

AnaSí, si lo estoy consiguiendo. Pero hoy no es igual que mañana. Yo no sé lo que puede ocurrir mañana aquí. Algo puede fluir o no, algo se puede bloquear o no, hay que abandonarse al momento. Yo solo soy un canal, hay que permitir que eso ocurra, hay que darse el permiso para que eso ocurra, pero puede ser que no. Y si no ocurre habrá que seguir con el proyecto. Habrá más galas, más días, más lugares,  esto no es un principio ni un fin. ¡Ya! Esto es lo fácil y lo difícil de este proyecto, que no hay nada estipulado para que funcione.  No sé si me explico bien.

TF: Te entiendo muy bien. Pero hablamos de un espectáculo perfectamente estructurado y parece que esa estructura sea un soporte. Lo que ocurra en ti y en tus artistas ¿es algo que no sabemos?

AnaNadie lo sabe. Este es un espectáculo muy abierto a que sucedan cosas, muy abierto a lo que pueda ocurrir  cada vez que se represente.

TF. Y a los espectadores, ¿qué puedes trasmitirlos, qué puedes hacerlos sentir cada uno de esos días que pueden ser para ti una nueva experiencia imprevisible?

AnaDepende del interior de cada uno. Este es mi viaje, pero no sé cual será el de cada espectador. Es mi historia y cada día querré compartir este viaje con mi público. Pero  es obvio  que cada uno lo vivirá a su manera.

TF: ¿En que punto está tu viaje?

AnaHe avanzado en lo que quiero en mi vida. Estoy en un momento en que quiero ser madre, me apetece formar una familia, pero no tengo pareja y lo más fuerte es que me lo planteo con pareja, es decir, que la pareja va a venir, aunque no intuyo quien puede ser esa pareja. He tenido historias muy bonitas en distintos lugares, pero ahora siento que hay algo en mí que tiene que cambiar.

TF: Un regreso en el tiempo y me cuentas cómo surge la vocación por la danza en una niña catalana de familia andaluza aficionada al flamenco, una más entre miles de otras familias andaluzas desplazadas, pero sin background artístico alguno. Y la necesidad de bailar y de hacerte profesional.

AnaPues si te soy sincera creo que nací con eso, porque yo era muy pequeña cuando mi madre nos apuntó a mi hermana y a mí a hacer gimnasia, pero yo veía bailar sevillanas por el barrio y le dije, mamá yo quiero eso…creo que nací predeterminada para bailar.

TF: Tienes una carrera artística muy importante, has trabajado con los mejores, tienes tres o cuatro espectáculos propios anteriores a Sin permiso

Ana: (ríe) Aunque parezca que este es el primero…

TF: Te pregunto si crees o sabes si tus proyectos anteriores han estado en la misma línea que el que nos ocupa ahora, en la línea de tu crecimiento personal.

Ana:  Yo creo que hay una línea que me caracteriza en los trabajos que hago. No son    trabajos superficiales, son bastante profundos y esta es la línea que va un poco conmigo. Espero que llegue un día en que me diga. ¡Ya!! ¡Quiero fiesta! En otro aspecto, mi línea sigue tradición y vanguardia, si bien es cierto que a mí lo tradicional me mueve a niveles insospechados. Pero hay una verdad en mi físico y en mi baile que está ahí y que siempre sale. Y hay algo de mi físico bailarín y en mi educación de bailarina que es intrínseco a mí y que nunca me puedo quitar.

TF: ¿Eres más bailaora que bailarina, o ambas cosas?

AnaAmbas cosas. Hice mi primera clase de ballet con siete años y  sevillanas, folklore flamenco y demás con cinco. Hice danza española y contemporánea desde muy joven. En Barcelona entré en el conservatorio con  diez años y he tenido una formación de bailarina y de bailaora a la vez. En mi generación, la formación  académica para la danza fue una cuestión de época. Nuestras mamás pensaron que lo mejor para nosotras era que estuviésemos en los conservatorios y que no bailáramos flamenco sin una formación.   Soy  bailarina y bailaora, siempre digo que soy bailarina de formación y bailaora de corazón. Desde muy pequeña es lo que me puede llevar al éxtasis total.  Al mismo tiempo, no me puedo desatar de mi físico bailarín, pero si es cierto, que gracias a la danza he encontrado un compendio con el flamenco que me gusta. Estoy muy feliz de la formación que he  tenido. Aunque siempre hay que tener un poquito de cuidado con el exceso de formación académica, porque el artista cuando se individualiza tiene un trabajo muy grande de desarmar y de quitar, de tener más libertad  para sacar la verdad a flor de piel.

TF: Por mencionar uno de los artistas con los que has trabajado, Andrés Marín. Con él si que has practicado la vanguardia…

AnaConocí a Andrés con dieciséis años, cuando él estaba montando su primera compañía. A los dieciocho me propusieron entrar en el Ballet Flamenco de Andalucía y justo en ese momento Andrés Marín me propuso entrar en su compañía. Yo, quizá por ignorancia, le dije que no, porque en ese momento formar parte del Ballet Flamenco de Andalucía me daba más garantías, más seguridad. Más tarde, tuve la oportunidad de formar parte del cuerpo de baile en Asimetrías. Siempre he tenido cerca a Andrés y siempre le tendré cerca. Nos tenemos admiración mutua y le quiero como artista y como persona.

Reclaman a Ana para continuar con los ensayos. Le agradezco su generosidad y su sinceridad valiente.

Quiero recomendar la lectura de la reseña del estreno de Canciones para el silencio publicada a primeros de octubre. Completará este trabajo.

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