A propósito de la Fuente Vieja

Aestuaria

Puede que hace un par de décadas el conocimiento sobre la Fuente Vieja entre el común de los vecinos de Huelva fuese en el mejor de los casos algo lejano y difuso. Sólo un pequeño número de historiadores y vecinos del barrio al que da nombre, tenían conciencia de la importancia o al menos de la existencia del lugar, un hito de la historia romana de la vieja Onuba Aestuaria que milagrosamente había sobrevivido dos mil años gracias a una discreción apenas revelada por el rumor del constante caer de sus aguas cabezo abajo. Hoy la Fuente Vieja es referencia y orgullo de una ciudad que se asienta en redescubiertos hitos históricos y naturales, en buena medida gracias a la Universidad que ha formado a nuevas generaciones de onubenses, los cuales al conocer su ciudad la pueden amar desapasionadamente, con rigor. De forma paralela la puesta en valor de un monumento humilde pero de suma importancia para la historia de la ciudad, es hoy muy distinto del que teníamos ayer, hace apenas un par de décadas.

Al margen de la Fuente Vieja, o de los túmulos aún inexplorados del llamado Parque Moret[i], los atractivos de los cabezos por sí solos, han hecho que también en este último periodo de tiempo, y debido indudablemente a la labor de distintos colectivos empeñados en la defensa de este valor paisajístico, hayan visto incrementado el número de visitas de paseantes y en general de todos aquellos con la suficiente sensibilidad como para sentirse atraído por la hermosura de estos parajes y las hermosas vistas que nos regala, ya sea hacia el río Odiel o a las lejanías del Tinto, en el lado opuesto de una ciudad que hacia el levante se deja caer suavemente hasta el río por lo que ayer fueron huertas y ahora barriadas que son testigos impasibles del ecocidio[ii] de las balsas de fosfoyesos.

Recorrer los cabezos es vindicarlos, recuperarlos en un intento desesperado de quitarlos de las ávidas fauces de la especulación urbanística. Quienes pasean sus cabezos evidencian la necesidad de conservarlos, de disfrutarlos como cada día más onubenses hacen. Esto es al menos lo que perciben vecinos de los barrios que se aprietan a sus cabezos, como es el caso de Las Colonias, que a diario observan cómo la antigua soledad de esas potentes acumulaciones de arenas limosas sobre margas y arcillas está siendo alterada por un menudeo de visitantes que va creciendo día a día. Huelva se encuentra a sí misma. Los onubenses hacen suyo lo que de hecho lo es. Sus cabezos.

Hace unos años la arqueóloga municipal apoyada por un grupo de personas voluntarias y distintas asociaciones conservacionistas[iii], puso en marcha un proyecto encaminado a poner a disposición de los onubenses este rincón por entonces apenas conocido, pero de un inmenso valor patrimonial, histórico y natural. Se constituyó un grupo de voluntariado que aún hoy permanece activo en las redes sociales. La labor realizada, el trabajo de campo y algunas conclusiones se pueden seguir fácilmente gracias a Internet. En especial una actuación incluida en un proyecto municipal financiado con fondos europeos (Edusi[iv]) que se desarrolló eficazmente y tuvo como objetivo poner en valor la Fuente Vieja.

Sin entrar en temas concretos tales como asignación de partidas para cada uno de los proyectos presentados (obras en diferentes barrios de la ciudad o el entorno del Santuario de la Cinta), así como el inicio y desarrollo de las obras, la cuestión es que le ha llegado el turno a la Fuente Vieja. Un lugar con una historia no sólo pasada sino también reciente, pues los márgenes de esta breve escorrentía estuvieron habitados hasta hace bien poco, aunque como es sabido se remonte al siglo I de nuestra era. Al fin iba a ser tenido en cuenta con una asignación presupuestaria para su adecentamiento e incluso poder hacerlo visitable.

Quienes conocieron ese lugar antes de iniciarse los trabajos que ahora y afortunadamente se están llevando a cabo, incluso antes de la actuación del Grupo de Voluntariado de la Fuente Vieja, recuerdan que ese terreno contenía una vegetación abundante y que era rico en lo concerniente a su flora y a su fauna. Ha sido en realidad una burbuja verde con un ecosistema propio en el casco urbano de Huelva. Recorrer hasta casi ayer mismo sus apenas hoyados senderos era como estar en un bosque, acunado por el caer de las hojas y los ligeros vientecillos del suroeste que escoltaban el canto de los pájaros. Así era y perdonen el lirismo de la narración, pero es que así era.

Como es natural ese entorno virgen está siendo transformado durante el trabajo de las obras de acondicionamiento. Tanto la riqueza de su flora como de su fauna se están viendo afectadas por las labores propias de una obra de estas características. Será de esperar que este ambiente, abierto dentro de poco a muchísimos más visitantes, se pueda recuperar o al menos mantener un equilibrio necesario entre este entorno privilegiado y los visitantes, así como con el resultado final de las obras que afortunadamente se están llevando a cabo. La vegetación, o buena parte de ella, volverá a brotar de forma espontánea como ha venido ocurriendo durante milenios, mientras que por otra parte habrá que replantar algunas especies arbóreas de manera que se pueda restituir lo inevitablemente dañado para poder llevar a cabo los trabajos de la obra que se está ejecutando.

Otra cuestión distinta puede ser la fauna. En un medio como ese con una aportación de humedad y agua constantes y de forma regular, se fue creando un hábitat en el que se han desarrollado y mantienen especies que, para diferentes especialistas son dignas de atención por su singularidad. Además de las numerosas clases de aves y pájaros que han visto alterado su medio por la desaparición de la hasta ahora abundante vegetación y arboleda, otras especies más relacionadas con la humedad, con el manantial de agua de la Fuente Vieja, se han visto también afectadas, corriendo el riesgo de desaparecer del lugar.

Quizás habría sido conveniente que durante los trabajos de la obra que se está llevando a cabo se hubiese tenido en cuenta, como se hace con los aspectos arqueológicos, una necesaria y aconsejable atención a la flora y a la fauna. Tampoco hubiese supuesto un coste adicional excesivo, sino por el contrario mínimo, incluir este apartado en un proyecto tan sensible y que realmente se está llevando a cabo con acierto. En concreto algunas especies sí que podrían haber tenido una atención especial por sus peculiaridades (originalidad, especial protección, etc.), de manera que durante las labores de acondicionamiento se hubiera puesto a salvo la pervivencia de algunas especies. El caracol de agua o el sapillo pintojo son dos especies que están sufriendo de manera considerable los avatares de la faena diaria que allí se desarrolla.

Sería de esperar que esto no fuera irreversible, pero en todo caso algunas personas han estado pendiente de ciertos detalles y están intentando poner remedio o procurando que estas dos especies puedan tener su futuro asegurado en el entorno de la Fuente Vieja, en su delicado nicho ecológico. De momento algunos ejemplares han sido rescatados y se conservarán en unas condiciones idóneas durante un mínimo de tiempo, el necesario para que la Fuente Vieja además de ponerse en valor histórico también lo sea desde un punto de vista medioambiental, algo que debería extenderse a todo el sistema de cabezos de Huelva[v]. Deseamos que la Fuente Vieja vuelva a tener al menos un aspecto parecido al que tenía cuando estaba oculta a la curiosidad y al trajín de la ciudad. Esperamos que esta actuación no sea la única y que el Ayuntamiento de Huelva tenga en cuenta a sus cabezos, un valor paisajístico que habrá que mimar y apartar de la especulación, en todas y cada una de las futuras y deseables actuaciones que este perfil cantado por el nobel de Moguer[vi] siga siendo la Huelva que queremos dejar a las generaciones futuras.


[i] El parque que Huelva rotuló con el nombre del ilustre liberal gaditano, ministro con Amadeo I, Alfonso XII y Alfonso XIII, regencia de María Cristina incluida, se corresponde en realidad a lo que fue y sigue siendo Ciudad Deportiva, levantada sobre el lugar. El Ayuntamiento hubo de responder al decreto ley impulsado por don Segismundo Moret que establecía la necesidad de que todas las poblaciones con más de 10.000 habitantes deberían tener un parque público. En Huelva no había dinero en las arcas municipales para emprender obra alguna, pero sí gracia e inventiva como para nominar con el nombre del señor ministro a un lugar algo apartado, cercano a los Santos Lugares –ermita de la Cinta- al que los lugareños solían acudir en jornadas festivas para merendar o ir de picnic. De modo, que sin gastarse un duro y con la profiláctica medida de ponerle el nombre del ministro, se arregló la cuestión de tener que acondicionar parque público alguno. Nuestra Huelva, que es como es.
[ii] Fertiberia continúa empeñada en cubrir los fosfoyesos simplemente para que no se vean, pero los riesgos y el factor contaminante siguen ahí.
[iii] Aún a riesgo de dejar atrás alguna, mencionaremos a Platalea, Plataforma Parque Moret, Huelva te mira o Eco Huelva como las que en algún momento han sido especialmente activas en la defensa del paisaje singular que supone el conjunto de cabezos de la ciudad de Huelva.
[iv] Estas siglas corresponden a Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado, una iniciativa de la Unión Europea que tiene como objetivo la mejora de las condiciones sociales, económicas y ambientales de las ciudades.
[v] “Somos naturaleza. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe”. José Luis Sampedro.
[vi] Aquella Huelva lejana y rosa que veía Juan Ramón Jiménez desde la otra orilla del río Tinto, cuando el horror de las balsas de fosfoyesos no era la pesadilla que hoy desgraciadamente es.
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