El futuro del ‘bitcoin’ y las criptomonedas es incierto

Tras las fuertes alzas y bajas en su cotización, bancos centrales, inversores, grupos financieros, entes reguladores y economistas reclaman medidas para frenar actividades ilegales y especulativas. Incluso Estados Unidos y países europeos reconocen hoy que tomaron el tema a la ligera y que prevén reforzar controles por los riesgos que plantean las monedas virtuales.

Hace poco, la SEC norteamericana adelantó que impulsarán en el Congreso regulaciones específicas. Su titular, Jay Clayton, advirtió sobre los peligros que suponen esa clase de inversiones. “Si una oportunidad suena demasiado buena para ser cierta, o si usted se ve presionado para actuar rápidamente, tenga mucho cuidado y sea consciente de que corre el riesgo de perder su dinero”, dijo. Casi en sintonía, entes reguladores de nuestro país aconsejaron a las personas prudencia y que “valoren si tiene la información suficiente para entender lo que se les está ofreciendo”.

Esas reacciones provienen de la extrema volatilidad de las criptomonedas. Postulado y publicitado como alternativa al dinero tradicional, de diciembre a la fecha el bitcoin pasó de cotizar 19.500 dólares a caer por debajo de los 6.000 dólares para luego subir a 9.000, con picos llamativamente pronunciados y vertiginosos. Eso trajo consecuencias: primero, Corea del Sur eliminó el anonimato en la compraventa de criptomonedas, por sospechas de ilícitos como el lavado. Y posteriormente, 4 grupos financieros (Lloyds Banking Groups, JP Morgan Chase, Bank of America y Citi) decidieron prohibir el uso de tarjetas de crédito para la compra de bitcoins.

En el Foro de Davos, la premier británica, Theresa May, adelantó la posibilidad de que su país regule la actividad: “Debemos revisar muy seriamente las criptomonedas como el bitcoin, precisamente por la manera en que pueden ser usadas por los criminales”. Se calcula que hay más de 1.500 criptomonedas operativas y cada día se suman más. De hecho, hay una que alude a la jefa de Estado de Inglaterra: el Theresa May Coin, que es tan volátil como el bitcoin y el resto de sus primas.

Las criptomonedas generan muchas suspicacias y son muchos los que advierten sobre su inconsistencia económica y financiera. Por caso, el economista Nouriel Roubini, que predijo con notable precisión la crisis de 2008, consideró que el bitcoin “es la burbuja especulativa más grande de la historia de la humanidad” y que las criptomonedas “son un fraude”. El Nobel de Economía Robert Shiller pronosticó que su precio “va a ir hacia arriba, al igual que el mercado de valores en la década de 1920”, pero aclaró que “llegaremos a 1929 con el tiempo”.

Lanzado en 2009 por un enigmático “Satoshi Nakamoto”, el bitcoin opera en una red cerrada de bloques de códigos encriptados (blockchain), que se comercializa por Internet. Es promocionado por sus impulsores como una “tecnología libre de regulaciones de bancos centrales y gobiernos, cuyo precio se define por la oferta y la demanda”. Sus defensores, verdaderos templarios de la libertad absoluta de mercado, creen que es una amenaza concreta al sistema financiero mundial y que por eso se lo cuestiona.

Sin complejos de esa naturaleza, varios Nobel de Economía se unieron para descalificar al bitcoin y criticaron sus fundamentos teóricos y prácticos. Joseph Stiglitz, dijo que no cumple “ninguna función útil” y reclamó que se lo prohíba. Paul Krugman describió que es pura especulación y explicó “las burbujas son un esquema Ponzi: mientras todo el mundo siga comprando todo está bien, pero los últimos perderán todo el dinero y nadie asume que pueden ser ellos”.

En teoría, el bitcoin surgió como sustituto del dinero, para facilitar y abaratar las compras y eludir los costos bancarios en las transacciones internacionales. A nueve años de su salida, muy pocos comercios lo aceptan y su alta volatilidad constituye un verdadero problema, coinciden críticos y defensores. Las posturas se diferencian en que algunos sostienen que las subidas y bajadas son pasajeras contra la opinión de quienes creen que es una nueva manía enfermiza.

¿Por qué ejerce tanta atracción a los nuevos inversores y a los jóvenes?Shiller entiende que el bitcoin es una historia “emocionante” y que sus adeptos se consideran que poseen dotes superiores: “Eres rápido, eres inteligente, has descubierto lo que nadie más comprende. Y tiene ese sentimiento antigubernamental y antirreglamentario. Es una historia maravillosa, si fuera verdad”. En el Financial Times, el premio Nobel Jean Tirole sostuvo que “el bitcoin puede ser un sueño libertario pero es un dolor de cabeza real para cualquiera que vea las políticas públicas como un complemento necesario de las economías de mercado”.

El bitcoin tiene más impacto en las redes sociales que en la vida real. En las plataformas de compraventa locales reconocen que las operaciones son de poca envergadura y que predomina la cautela. El bitcoin ronda los 8.400 dólares hoy mismo. Su futuro es un interrogante, al menos tal como se lo concibió: un contrato anónimo entre privados libre de leyes y regulaciones estatales: la base de toda burbuja especulativa….¿os suena viejos economistas e inversores profesionales?.

Francisco Villanueva Navas, colaborador de La Mar de Onuba es  economista y periodista financiero. En Twitter: @FranciscoVill87

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