Las claves de las gallegas y vascas: un nuevo capítulo de la cuestión territorial

El polo soberanista puede aumentar en ambos territorios, añadiendo presión sobre el Gobierno de coalición y la cuestión territorial

Es el primer examen en las urnas de Unidas Podemos desde que entró en el Consejo de Ministros

Los resultados gallegos pueden situar a Feijóo como la alternativa interna a Casado en el PP

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Los resultados de las elecciones del 12 de julio en Euskadi y Galicia se leerán desde distintos prismas. El principal, sin dudas, cuáles serán las mayorías parlamentarias en los parlamentos de Vitoria-Gasteiz y Santiago de Compostela y las posibles combinaciones que de estas salgan para conformar los ejecutivos en la Eusko Jaurlaritza, el Gobierno Vasco, así como en la Xunta de Galicia y desarrollar las políticas en estos dos importantes territorios durante los próximos cuatro años.

Políticamente, las sedes estatales de los partidos harán sus propias lecturas internas. En el PP, no pasarán desapercibidos los resultados de Alberto Núñez Feijóo, por un lado, y de Carlos Iturgaiz, por el otro. Si el actual presidente de la Xunta ha conseguido, para desesperación de sus contrincantes gallegos, disimular ser el adalid del ala moderada del PP frente a los excesos verbales de Pablo Casado y su dirección, la candidatura de Iturgaiz es fruto, precisamente, de este escoramiento hacia la ultraderecha del segundo partido de España. El pasado mes de febrero, Casado fulminaba a Alfonso Alonso, también considerado moderado, como candidato a la Lehendakaritza. Iturgaiz, quien fue un hombre importante de José María Aznar en el PP vasco le sustituye. Un buen resultado de Feijóo y malo de Iturgaiz dejaría a Casado tocado como líder del PP y reforzaría el perfil estatal del gallego, quien ya estuvo en todas las quinielas como sustituto de Mariano Rajoy.

Además, en Euskadi, las derechas de PP y Ciudadanos concurren unidas, Feijóo se negó a ello en Galicia. Estos comicios se habrían celebrado el pasado 5 de abril, de no ser por el estallido de la pandemia de covid-19. Entonces la formación de Inés Arrimadas todavía no había suavizado el tono aproximándose a algún tipo de entendimiento con el PSOE en las sucesivas votaciones de prórroga del estado de alarma o en la Comisión por la Reconstrucción del Congreso. El pasado fin de semana, veíamos por primera vez a Casado y Arrimadas juntos en un acto de campaña. Ríos de tinta se han escrito sobre el destino de PP y Ciudadanos, muchos analistas les ven unidos en el futuro, en candidaturas conjuntas, pues la irrupción de los ultras de Vox hace que el espacio de la derecha quede demasiado poblado con tres fuerzas estatales. El fantasma de Aznar, desde su fortaleza de la FAES, sigue vivo: hay que unir desde el centroderecha a la derecha más radical para evitar que se prolonguen los gobiernos de izquierdas.

Vox, por su parte, parece que tiene poco que rascar en Euskadi y Galicia. Conseguir tener representación en estos parlamentos ya sería una buena noticia para los de Santiago Abascal. Su campaña bronca, al más puro estilo Albert Rivera, yendo a localidades y barrios donde no obtienen sufragios, para conseguir titulares a golpe del rechazo manifiesto de los ciudadanos que los habitan, va en ese sentido: más vale que se hable mal de alguien a que no se hable. Hay que aparecer en la agenda mediática sea como sea, aunque para ello consigan tensar más, en esta estrategia de la crispación, a las sociedades gallega y vasca.

Por otra parte, en las izquierdas estatales, PSOE y Unidas Podemos, que se presenta como Galicia En Común y Elkarrekin Podemos IU, tienen ante sí el primer examen ante las urnas desde que el pasado enero se conformara el Gobierno de coalición. Hasta ahora, las encuestas no parecen otorgarles un desgaste pronunciado, a pesar de que el Consejo de Ministros mixto ha tenido que afrontar una de las peores crisis de la historia reciente española, la pandemia de covid-19. Sin embargo, las izquierdas gubernamentales, en estas dos comunidades históricas, así como en Catalunya, tienen competidores de izquierdas de corte independentista. Y tal y como quedó demostrado en las elecciones generales del año pasado, el bloque progresista, en el Estado, necesita de una mirada plurinacional si quiere mantenerse en la Moncloa, más allá de los rollos primaverales de socialistas y los naranjas.

Un capítulo más en la cuestión territorial

Y es que una de las conclusiones más relevantes que se podrá sacar de la noche electoral del próximo domingo será en clave territorial. La crisis territorial llegó a su punto álgido el pasado 2017 en Catalunya y todavía está abierta. Además, los resultados de las últimas generales demuestran que es una crisis no exclusivamente catalana, sino que distintos territorios reclaman otra relación con el Estado. Más allá de cómo las distintas naciones o nacionalidades aspiran a un mayor autogobierno, también el desgaste territorial se ve en cómo distintas regiones que conforman la llamada España vaciada requieren un mayor cuidado por parte del Estado. Muchas miradas se fijan en el predominio de Madrid en muchos aspectos de la vida política española y en el centralismo político y económico que esta región adquiere en la actualidad.

Así, Unidas Podemos y sus distintas marcas electorales afrontan unos comicios complicados en ambas regiones. Por un lado, en Euskadi, la fuga de votos hacia EH Bildu parece asegurada. Pablo Iglesias se presentaba este lunes en la campaña apelando a la necesidad de un gobierno de izquierdas en Euskadi que sustituya al del PNV, esta última legislatura los nacionalistas han gobernado con el PSE. Para ello, marca el horizonte de un gobierno tripartito en el que entrarían los socialistas vascos y los abertzales, con Elkarrekin como pegamento. En Galicia, la subida del BNG parece asegurada, pasando a las confluencias gallegas en las que están Podemos e IU. Cabe la posibilidad, según las encuestas, de que Ana Pontón, la candidata soberanista gallega, adelante al PSdeG. Tras varias polémicas internas, lo que queda de aquellas mareas que llegaron a gobernar las primeras ciudades del país, como Santiago, A Coruña o Ferrol, no afronta el domingo con buenas expectativas.

El PNV puede revalidar una mayoría que le permitiría elegir socio de gobierno: reeditar el pacto con el PSE; atreverse a mirar a su izquierda con Elkarrekin, cabe recordar que los nacionalistas ya gobernaron con la marca vasca de IU, Ezker Batua; afinar su perfil más soberanista y buscar un acuerdo con EH Bildu; buscar una alianza conservadora con la candidatura de PP y Ciudadanos, ahora que los naranjas reconocen la foralidad como componente constitucional después de años cargando contra este sistema.

En todo caso, una subida de PNV, EH Bildu y BNG, en sus respectivos comicios, daría un paso más hacia la necesidad de reconsideración de la cuestión territorial del Estado español. Si las elecciones generales de noviembre y el debate de investidura de Sánchez en enero supusieron la constatación de que sin una mirada plurinacional este Gobierno de coalición no puede gobernar, no dan los números, una mayor presión soberanista de estos dos territorios con sus peculiaridades nacionales aumentaría la presión sobre un modelo autonómico que, para muchos, ya está desfasado. El Gobierno de coalición llegó con la promesa de dar pasos en la solución dialogada al conflicto catalán, pero la cuestión territorial va más allá de Catalunya, que también calienta motores de cara a unas elecciones en los próximos meses, con especiales disputas en el campo independentista. Tras este domingo, el Gobierno de coalición puede acumular una presión añadida en el aspecto territorial. Sin los votos de PNV, EH Bildu y el del diputado del BNG, con un escoramiento preelectoral del independentismo catalán, la legislatura se le puede hacer muy cuesta arriba.

Datos y encuestas

Tras analizar cuáles son las distintas lecturas que se pueden sonsacar la noche del próximo domingo, veamos cuáles son los datos actuales en ambos parlamentos autonómicos y qué predicen las encuestas. En la cámara de Vitoria-Gasteiz, se reparten 75 diputados, la mayoría absoluta se sitúa en los 38. La pasada legislatura, jetzales y socialistas cogobernaron gracias a los 29 escaños conseguidos por el PNV en 2016 y los 9 del PSE. Además, EH Bildu obtuvo 17; Elkarrekin Podemos, 9; PP, 9. Las encuestas de cara a los comicios de este domingo señalan, en general: subida del PNV hasta los 30-31; ascenso de EH Bildu hasta los 18-19; también del PSE, hasta los 11-12; descenso de Elkarrekin Podemos a los 7-8; a pesar de la coalición con Ciudadanos, el PP descendería hasta los 6-7.

Las encuestas, encuestas son. Y una campaña siempre puede dar un giro de 180 grados. Aun así, a pocas jornadas de que se abran las urnas, salvo un hito relevante, estas son las tendencias demoscópicas. La tragedia del vertedero de Zaldíbar, en la que quedaron sepultados los trabajadores Joaquín y Alberto, es uno de los temas que preocupan entre los jetzales. La gestión del lehendakari y candidato, Íñigo Urkullu, fue muy criticada. Las oscilaciones del coronavirus y los repuntes, ahora que la gestión de la pandemia está transferida a los diferentes departamentos de sanidad autonómicos, puede ser una variable que modifique las tendencias de voto. La participación en las elecciones municipales francesas de la semana pasada, de hecho, bajó notablemente, se señala como causa a la pandemia.

En el caso gallego, el PP viene reeditando mayorías absolutas en uno de sus tradicionales feudos. Tan solo en las elecciones de 2005, PSdeG y BNG consiguieron arrebatar a Manuel Fraga la mayoría absoluta y formar un gobierno tripartito que no pasó de una legislatura. Luego llegó Feijóo, en el 2009, hasta hoy. La cámara de Santiago, el Pazo do Hórreo, reúne a 75 diputados, también la mayoría absoluta en los 38. En 2016 se distribuyeron así: 41 para el PP; 14 para En Marea; 14, PSdeG; 6, BNG.

Las encuestas señalan una reedición de la mayoría absoluta de Feijóo, más o menos con un resultado similar al de hace cuatro años. El PSdeG subiría hasta los 16-17. El batacazo llegaría para Galicia En Común, que podría perder unos 9 escaños y quedarse en 4-6. El BNG, según sondeos, puede duplicar su presencia en la cámara legislativa gallega, incluso llegar a 13 representantes.

De nuevo, la participación será esencial para las posibles oscilaciones en la tendencia de voto. El nuevo confinamiento de A Mariña, en la provincia de Lugo, supone un golpe moral para la población de la zona, semanas después de que finalizara el estado de alarma. El inicio del juicio sobre el Pazo de Meiras es una variable a tener en cuenta. El anunciado cierre de la fábrica de Alcoa y las movilizaciones en favor de una sanidad pública de calidad de los últimos meses han marcado la agenda gallega.

En definitiva, si las encuestas no se equivocan, el polo soberanista aumentará en ambos territorios, añadiendo presión sobre el Gobierno de coalición de cara a coger el toro por los cuernos en los próximos meses sobre este tema. Feijóo, de momento, puede respirar tranquilo salvo sorpresa de última hora, y los malos resultados de Iturgaiz en Euskadi le pueden situar como la alternativa interna a Casado en el PP. El PSOE aprobaría en ambas comunidades, no sufre el desgaste del Gobierno estatal. Unidas Podemos recibe un toque de atención importante. Galicia, con las distintas alcaldías del cambio conseguidas hace cinco años y los buenos resultados de En Marea en las generales, le podría dar la espalda. Euskadi, donde ganó las generales de 2015 y 2016, también. Es el primer examen en las urnas de Unidas Podemos desde que entró en el Consejo de Ministros.


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